lunes, 1 de septiembre de 2008

Pura novela gráfica

Frente a aquellos autores que priman de forma absolutista el dibujo sobre el argumento, convirtiéndolo en secundario, casi inexistente - como Geof Darrow en Shaolin Cowboy, por citar un ejemplo –, Alfonso Zapico ha firmado con su Café Budapest (Astiberri, 2008) el paradigma de la novela gráfica. Y es que el primer trabajo publicado en nuestro país por este dibujante y guionista asturiano que ya ha visto editado en el mercado francófono La guerre du professeur Bertenev (Editions Paquet, 2006) - es precisamente eso: pura novela gráfica. Narración en viñetas engarzada a la perfección en un contexto histórico bien trabajado que nos lleva al final de la II Guerra Mundial y, concretamente, al nacimiento del estado de Israel. Este contexto sirve de lecho sobre el que fluye la historia ficticia del violinista judío Ychezkel Damjanich.
Pero el solido guión de este apasionante y bien narrado viaje de ida y vuelta entre la capital húngara y la ciudad de Jerusalén, viaje que recuerda por su temática y tratamiento a comics como el Maus de Spiegelman o Klezmer de Joann Sfar; y a películas como El pianista de Polánski, no implica un descuido en el dibujo. De hecho, Zapico domina el arte de la distribución de las viñetas de cada página, del discurso gráfico y del detalle. Leyendo al asturiano recordamos a dibujantes como el canadiense Craig Thompson o el japonés Taniguchi; la nouvelle vague de la BD francesa encarnada por Joann Sfar, C. Blain, Lewis Trondheim, Dupuis, Berberian o David B; a clásicos como Uderzo, Goscigny, Giraud, Hergé, Frankin; a grandes dibujantes españoles como Ivá, Víctor de la Fuente, Carlos Giménez, Paco Roca, Luís Durán, Tomeu Seguí…