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lunes, 24 de enero de 2011

¡Puta Guerra! 1914 - 1919 (Norma, 2010)











¡Puta Guerra! (1914 – 1919)
Tardi y Verney
Norma, 2010
143 páginas / color
Precio: 29,95 euros
ISBN: 978-84-6790-100-9

El reputado escritor, filósofo, novelista e historiador alemán Ernst Jünger (1895 – 1998) escribió en In Stahlgewittern (Tempestades de acero, 1920), el primer volumen de sus memorias, que en 1914 los jóvenes alemanes partían a la guerra como si ésta se tratara de «un lance viril, un alegre concurso de tiro celebrado sobre floridas praderas en que la sangre era rocío». Con ese mismo espíritu confiado arranca el testimonio del protagonista de ¡Puta Guerra! 1914 – 1919 (Norma, 2010), una ‘obra híbrida’ del dibujante Jacques Tardi y del historiador Jean-Pierre Verney que conjuga de forma ejemplar el lenguaje del cómic con la rigurosidad histórica al igual que otros autores como, por ejemplo, los japoneses Shigeru Mizuki en Hitler (1971) o Motofumi Kobayasi en Vietman War (1999).
Tanto en el caso de Jünger como en el del protagonista de Puta guerra, la inocente actitud desaparece cuando se dan cuenta de que en semejante concurso de tiro ellos son las dianas. Tardi no escatima recursos gráficos ni lingüísticos a la hora de mostrar los desastres de la guerra, las mentiras que la encubren y a aquellos que las sustentan. Sus ilustraciones están llenas de crudeza y sus textos de un lenguaje descarnado rebosante de cruel sarcasmo.
Jacques Tardi (Valence, 1946) es uno de los más claros y geniales precursores dentro del mercado francobelga de lo que ha dado en llamarse novela gráfica. Por su parte, Jean-Pierre Verney es el erudito más importante de la Primera Guerra Mundial. Su dossier a final de la obra, documentado profusamente con hechos, fechas, cifras y fotografías, plasma de forma fidedigna y didáctica hechos y sinrazones del conflicto.
En definitiva, un extraordinario estudio de ‘La Gran Guerra’ narrado de forma cronológica y acompañado de un DVD con un documental con el proceso de documentación y creación de la obra así como de un video musical en el que la cantautora francesa Dominique Grange (Lyon, 1940), compañera sentimental de Tardi e icono de la canción francesa de los sesenta. interpreta la simbólica «Chanson pour Vauquois», en honor a la población donde tuvieron lugar las terribles luchas subterráneas llamadas ‘la guerra de las minas’.

domingo, 17 de mayo de 2009

Calle de la estación, 120 (Norma, 2009)











Calle de la estación, 120
Jacques Tardi, Léo Malet
Norma, 2009
192 páginas, blanco y negro
22 euros
ISBN: 978-84-9847-872-3

En 1980, cuando Jacques Tardi visitó al escritor Léo Malet (Montpellier, 1909-1996) para proponerle adaptar una de las novelas del detective Nestor Burma al lenguaje del cómic, se encontró con un viejo escritor cascarrabias que rechazaba la historieta como expresión artística. Malet, uno de los grandes de la Polar, término con el que se conoce en el país vecino país a la novela policíaca, era un personaje singular quien, antes de convertirse en autor de éxito gracias a obras como Johnny Metal (1941) o Los nuevos misterios de Paris - serie de 15 libros protagonizada por el fundador de la agencia de detectives Fiat Lux -, había sido repartidor de periódicos, chanssonier de cabaret y artista surrealista amigo de André Breton.
A pesar de sus reticencias respecto al Noveno Arte, Malet dio carta blanca a Tardi para adaptar Niebla sobre el puente de Tolbiac. El resultado final sedujo de tal forma al escritor que, desde aquel momento, encargó las portadas de las posteriores reediciones de sus novelas al dibujante.
Aunque Jacques Tardi (Valence, Francia, 1946), figura emblemática del cómic francés, ha pergeñado como autor completo obras de gran mérito - Adiós, Brindavoine, la serie de Adèle Blanc-Sec o La Guerra de Trincheras, trabajo dedicado a la I Guerra Mundial, una de las grandes obsesiones personales de este antimilitarista furibundo -, el historietista es un consumado especialista en ilustrar historias ajenas. Entre la extensa lista de autores con los que ha colaborado destacan Manchette (Griffu), Daeninckx (La última guerra, El soldado Varlot); Vautrin (El grito del Pueblo) o Forest (Ici Même), entre otros. Pero pocas colaboraciones han sido tan interesantes como las ofrecidas por el tándem Malet – Tardi: Niebla sobre el puente de Tolbiac (1982); Calle de la estación, 120 (1988); Una resaca de cuidado (1990); Reyerta en la feria (1996) y ¿Huele a muerto o qué? (2000).
En Calle de la estación, 120, álbum recientemente reeditado en lujoso formato por Norma Editorial, el agudo detective se encuentra prisionero en un Stalag, campo de refugiados, durante la II Guerra Mundial. Allí, un misterioso hombre amnésico le gritará en su lecho de muerte una dirección, la misma que su colaborador le repetirá justo antes de morir acribillado, meses después, en la estación de Lyon. Así se inicia un sólido argumento que atrapa al lector desde la primera página.
Gracias al peculiar trazo de los dibujos en blanco y negro y a la perfecta documentación sobre el momento histórico y sus escenarios, algo característico de la escuela franco-belga, los paisajes urbanos se convierten en los verdaderos protagonistas. Porque al Tardi ilustrador lo que le priva es mostrar, sin perder vigor narrativo, a Néstor Burma, su secretaria Hélene, al periodista Covet y al comisario Farroux como simples figurantes en esa ambientación magistral rebosante de una melancólica vuelta de todo, en una ficción donde parece que siempre está lloviendo.

domingo, 3 de mayo de 2009

El juego de las golondrinas (Sins Entido, 2008)















El juego de las golondrinas
Zeina Abirached
Sins entido, 2008
192 páginas, Blanco y negro
Precio: 17 euros
ISBN: 978-84-96722-43-9
www.sinsentido.es

La Guerra Civil que tuvo lugar en el Líbano, entre 1975 y 1990, enfrentando entre sí a facciones cristianas y musulmanas del país, y en la que también tomaron parte países vecinos como Siria e Israel, es el escenario histórico de El juego de las golondrinas (Sins Entido, 2008).
Esta novela gráfica, la primera que la joven historietista libanesa Zeina Abirached (Beirut, 1981) ve publicada en nuestro país, describe la vida cotidiana, los pensamientos y esperanzas de la población beirutí durante dicho conflicto. Lo busca y lo consigue a través de las conversaciones, reflexiones e historias de unos vecinos que, reagrupados en una habitación de la casa en la que la autora pasó su infancia, esperan el final de una «rutinaria» noche de bombardeos. Personajes secundarios sólo en apariencia, pues ellos son los verdaderos protagonistas, junto a la propia Beirut, de esta slice of life que combina tensión, tragedia y dulce comicidad con singular destreza. Una ternura trágica, con adultos afanados en entretener con historias y actividades a dos niños que esperan la llegada de sus padres, que recuerda La vida es bella de Roberto Benigni. Sus progenitores están a tan sólo unas manzanas, pero no pueden volver al hogar por miedo a las explosiones y a los francotiradores de la Línea Verde. Precisamente ahí, en la capacidad de bifurcar el eje argumental sin perder tensión y manteniendo al lector enganchado hasta el final, reside uno de los puntos fuertes de la narración de Zeina Abirached.
Con la guerra civil libanesa también como tema central de sus dos primeros trabajos, Catharsis: Beyrouth (2002) y 38, rue Youssef Semaani (2006), aún no editados en España, Abirached tomó prestado el título de su última obra - originalmente Mourir partir revenir c'est le jeu des hirondelles (Morir, partir, volver es el juego de las golondrinas) - de una pintada que leyó en las calles de Beirut. La frase le pareció una manera muy gráfica de definir el sentimiento predominante en los libaneses: un ir y venir sin cesar bajo la amenaza que supone convivir día a día con la muerte.
A pesar de ser comparada constantemente con la dibujante iraní Marjane Satrapi, autora de Persépolis, entre ambas, aparte de la inocencia de la narración y el trazo suave en blanco y negro, existen más diferencias que afinidades, tanto en lo gráfico, como en la composición y en el ritmo narrativo.
La libanesa es una experta del arte medieval musulmán y un reflejo de ello son las volutas y arabescos que impregnan unas páginas «blanco sobre negro» que parecen negativos fotográficos. También destaca la gran creatividad compositiva y de paginación, que delata su formación como dibujante de animación, así como la influencia de autores de la talla de David B. (La lectura de las ruinas… ) o Jacques Tardi (El grito del pueblo, la serie del detective Néstor Burma…).
Por todo lo descrito, El juego de las golondrinas es una lectura excepcional y un placer para los sentidos más que recomendable.